El asfalto, un terreno donde todos somos iguales.

Por Nadia Polanco
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Correr es uno de los mejores grupos sociales a los que he pertenecido.  Pero como todo grupo social encontraremos las mismas cosas que encontramos en cualquier grupo humano, tanto lo bueno como lo no tan bueno.

Sin embargo, y a pesar de algunas cosas negativas que traemos de la vida diaria, correr es una actividad incluyente.  ¿A qué me refiero cuando digo esto?

Al hecho de que en el momento que decides empezar a correr, en ese instante tienes que despojarte de adjetivos,  etiquetas sociales, clases, nacionalidad,  religión,  preferencia sexual, y convertirte simplemente en una corredora o un corredor.

Y es que cuando comienzas a correr, ya tan solo importa tu primer nombre. Estamos todos unidos,  sin razas, nacionalidades, religiones, sólo corredores.

No hace falta un carnet, una membresía ni siquiera unos dotes especiales, todo depende de ti, única y exclusivamente.

Correr es un mundo libre de los prejuicios que hemos inventado y de las etiquetas sociales que insistimos en asignarles a las personas.

Y es que entre sudor, concentración, lágrimas,  programas y metas, al final estamos todos ahí animándonos a viva voz, con un gesto y hasta con una mueca y es que aún no he entendido si es que la gente buena corre o si es que correr revela la verdadera naturaleza de la persona, lo que sí sé es que es sólo somos corredores sin importar nuestra piel, nuestras creencias o preferencias,  es este lugar donde no existen fronteras ni idiomas que no sea el sonido de nuestras pisadas.

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